El peor esfuerzo, el que no se Hace

Después de una gran fiesta el jueves por el cumple de Alberto y Tony a.k.a. el party planner del team,IMG_2678 el viernes me tomé el día libre de las zapatillas. Ya así lo había dispuesto antes porque sabía que me iba a acostar tarde y quería descansar antes del fondo del sábado. Lo tomé con calma durante el día, cumplí con la faena diaria de cualquier madre, y en la noche después de salir a cenar con Roberto y los niños (mi adolescente estaba en su plan de adolescente así que eran sólo niños) me puse a organizar las cosas para el día siguiente. Siempre tiendo a sacar la ropa de la mañana siguiente, la noche antes, para así no tener que pensar mucho cuando me despierto a las 4:50am, y poder en realidad arrastrar los pies al baño sin ver si me estoy poniendo algo que por lo menos combine. Como dicen por allí “Antes muerta que sencilla”.

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Después de sacar la ropa, arreglé mi maleta con mi cambio de ropa y toalla (porque quedo mojada como si hubiese nadado en una piscina), mi batido de proteína (uso el Recovery de Progenex), saqué mi camelbak
(que es lo que uso para hidratarme en fondos largos), mis geles y me fui a dormir.

Desde las 3:00 de la mañana me sentí “rara”. No sé ni cómo describir, pero en un dos por tres estaba en el baño vomitando. IMG_2710Y bueno, así pase el día. Mas muerta que viva. Lo peor era que Roberto también cayó a la misma vez que yo con el virus de estómago, así que mis hijos estaban sin padres por el día. Ya en la noche reviví un poco y me dije que dependiendo de cómo amanecía, trataría de meter algunos kilómetros.  Me acosté a dormir con el pensamiento en la mente de que es cuando el cuerpo duele, las ganas están en el piso y te sientes cansado, que los campeones entrenan. No que yo sea campeona ni mucho menos, pero me tracé mi meta de clasificar a Boston, lo logré y ahora dar menos que lo mejor de mi sería sacrificar el sueño que estamos viviendo varias. Así que cuando amanecí, me sentía algo debilucha, pero con ganas de por lo menos hacer el mejor intento de ponerme las zapatillas y bajar. Había quedado con parte de las #UnicornChasers, por lo que ya estaba comprometida por lo menos a dar mi mejor esfuerzo. IMG_2719Me prometieron ir pasito a pasito, como dice la famosa canción de Erika Ender (y de Luis Fonsi pues) y bueno arrancamos. Lilie, María y Eric, Ana estaban abajo de mi casa esperándome y yo con mi cuerpito apaleado caminamos hasta empezar a sumar los kilómetros en el hermoso pero desgarrador Parque Omar. Hemos trazado un circuito de 5kms cada vuelta, así que se hace menos largo, pero más difícil. El plan inicial era correr 3 vueltas, que yo desde un inicio lo vi con miedo, porque estaba muy deshidratada y con cero fuerzas. La primera vuelta se sintió bien. Cumplieron con la promesa de suave suavecito e hicimos la primera parada para tomar agua, al finalizar la primera vuelta. Comenzando la segunda, el sol ya estaba diciendo presente y la verdad, mi cuerpito empezaba a pasar factura. Trato siempre de no quejarme si algo me duele, o de al menos quejarme lo menos posible, porque cuando corres con alguien, el hecho de quejarse, hace que lo negativo se le pegue al de alado. Así que trato de llevar el sufrimiento en silencio. Sufrimiento es palabra grande para el training de hoy, pero sí definitivamente estaba descompuesta. Ya cerca de los 8k tocaba subir la penúltima loma del circuito y caminé. Yo detesto caminar cuando salgo a correr. Y lo escribo en BOLD porque no hay nada más delicioso que salir a caminar. Me refiero realmente a cuando salgo a entrenar. No porque tenga nada en contra de la gente que hace el training “Run Walk”, sino que siento que es trabajo que no se hace, así que comienzo y termino corriendo. O por lo menos trato de hacerlo. Así que ya saben, si me ven caminando en un día de training, llamen a la ambulancia.IMG_2740.jpg Algo no está bien. Finalmente llegamos a los 10k y yo ya había dado lo que tenía en el tanque por el día. A diferencia de otros momentos, donde si no hubiese cumplido con el training, me hubiese auto flagelado, No me sentí nada frikeada. Todo lo contrario. Me sentí ULTRA orgullosa de haber dado mi esfuerzo. Me tropecé después de correr con esto:

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Hoy fue otro día más donde le doy gracias a Dios por mi salud, y veo su mano en cada cosa que pasa en mi vida. El hecho de enfermarme me hace ser aún más agradecida por mi salud. Por mis piernas que me llevan a recorrer lugares nuevos (y viejos), por poder correr con gente que quiero, y que son ahora mi familia extendida, por mis pulmones que me dan aire limpio y por cada parte de mi cuerpo sano, que si lo escucho es tan noble y agradecido. Con todo y las libras de mas, las ojeras de poco sueño y las arruguitas que van saliendo. Comprobé que la cabeza es la que manda. Siempre hay que, como dice mi madre, escuchar el cuerpo y ser inteligente al respecto, pero lo que la mente pueda concebir, se puede conseguir. El cuerpo siempre está listo para darle. Es tu mente la que tienes que convencer. Así que convéncela, que tu sueño está a una palabra de vivirse. ¡Vamos!

 

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